La semiótica del
cine se sostiene de muchas aristas para dar un mensaje realmente contundente en
los públicos. La narración fílmica es la que nos ayuda a digerir de mejor
manera el mensaje.
La primera característica
está relacionada con el carácter no excluye del consumo de cine. Esto significa
que, una vez que una productora ha incurrido en un determinado nivel de
inversión para la realización de una película, el costo de un espectacular
adicional es cercano a cero. Esta situación lleva al productor a calcular su vinel
de inversión en función de la cantidad de espectadores potenciales. Aquellos
países cuyo mercados potenciales son grandes en termino de cantidad de
espectadores tienen incentivos para realizar producciones más ambiciosas en términos
de monto de inversión. Esto último también se verifica en cuanto a la cantidad
de películas que estos países producen anualmente.
En el caso
especifico de los Estados Unidos el costo de producción se recupera íntegramente
en el mercado domestico, motivo por el cual en toda exportación que se realice
el principal costo que deberá afrontar será el relacionado con la promoción de
la película y en alguno países, como en el nuestro, el costo de las copias,
vemos de esta manera que todos los ingresos adicionales serían asimilables a
una renta.
Signos
y códigos del mensaje cinematográficos
Un signo se define
por la relación entre significante, significado y referente. El cine posee los
tres tipos de signos establecidos por Pierce en 1931, índices, iconos y
símbolos; por ejemplo, las imágenes son iconos, mientras que la música y las
palabras son símbolos y los ruidos son índices. Dentro de los estudios teóricos
del cine el uso del vocablo código ha corrido la misma suerte señalada y su
significación se ha seguido manteniendo laxa y generalizadora. Cuando decimos
que un filme está altamente codificado, por ejemplo, podemos querer decir dos
cosas. En primer lugar, que la relación que une las ocurrencias de lo que oímos
y vemos (este plano o esta sucesión de planos, este gesto en el actor, esta
tonadilla, esta iluminación) con lo que dichas ocurrencias significan, es
convencional (estima en la primera acepción del término). Podemos querer decir,
en segundo lugar, que la estructura según la cual se organiza la historia (y/o
la forma como ésta se manifiesta), resulta previsible, porque obedece, en su
conformación, a ciertas reglas preestablecidas (tal tipo de acontecimiento está
invariablemente seguido del tal otro, tal tipo de plano de tal otro tipo de
plano). Estamos en la segunda acepción del término. En la práctica, una y otra
acepción, son identificadas: siguiendo a Metz, utilizamos indistintamente la
denominación de código, tanto para los código propiamente dichos o
correlacionadas (cuando incluimos en un análisis la consideración del código lingüístico
o del código del montaje clásico) como para los códigos organizadores, (cuando
consideramos dentro de un estudio analítico los códigos del sistema tonal o los
códigos narrativos). El código ha devenido en un (útil) concepto saco que suele
entenderse como cierto tipo de lenguaje “encastrado” en ese lenguaje “mayor”
que es el del cine. El lenguaje del cine es, por tanto, pluricódigo.
La teoría se ha
encargado de jerarquizar y organizar cada uno de los códigos que intervienen en
la construcción de un film.
La
narrativa cinematográfica
Una narración es un
conjunto de acciones organizadas en coordenadas de tiempo y espacio.
Particularidades de la narración fílmica frente a la narración literaria. La
narración fílmica es altamente mimética, reposa grandemente en la mostración directa
de los hechos, apela más a la percepción audiovisual directa que a la evocación
imaginativa de la palabra.
Consecuentemente,
la narración fílmica se presta más a la acción y sobre todo la acción
interactiva entre personales. Tienen dificultades para la presentación de estados
interiores, para jugar con los matices evocativos de la palabra hablada. Lo
visual es de una contundencia que subordina los otros factores perceptivos.
Los
géneros fílmicos
El género sirve
para etiquetar los contenidos de un filme, caracterizando los temas y
componentes narrativos que relacionan dicha película con otras encuadrables en
un mismo conjunto. En suma, se trata de categorías temáticas, codificadas a lo
largo de los años e inteligibles por parte de los espectadores. Esta forma
tipificada de narrar hereda muchas de esas categorías de literatura, y muy
singularmente de la narrativa popular, que reitera ciertos elementos para
simplificar la comprensión del relato. Dado que ese tipo de convención aún
predomina en el ciclo productivo del cine contemporáneo, resulta útil explorar
los orígenes y evolución de los géneros más característicos – el terror, la comedia,
la ciencia-ficción, etc. Aún hoy reconocibles por la audiencia que acude a las
salas de exhibición. Cada una de las características temáticas y narrativas.
El
público del cine
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